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Las carnes como lenguas tiemblan al unísono
Tal cual hojas de pasto emergiendo,
apuntalando
Pistilos de luz húmeda se abren hacia mí
Y entro en tu enmarañado ser de ostras
Despacio succionamos
Del aire
hojas etéreas
con olor de bosque denso
Y somos juntos
Recinto de mieles y cristales
Me miras con esos ojos suaves, te evaporas…
Me miras como si fuésemos dos peces
Que se acercan y se funden en cristales de
silencio
Y entonces basta un signo, una señal
De tu bulbosa
Boca roja
Para parir de nuestras manos un cielo de
susurros
Y el tallo que adentro crece y crece
Con su olor de vegetales transparentes
Se acomoda entre moluscos y pupilas
Y los
pensamientos cesan
Y quedan
Tendidos sobre las sábanas
.
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